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Seminario Arquidiocesano de Chihuahua

EL TALLER DE SAN JOSÉ

 Después de 5 años, ha podido restaurarse completamente la pintura “El Taller de San José”, del Seminario Arquidiocesano de Chihuahua; obra que se encontraba en la sacristía del mismo. Esta obra, junto a una crucifixión, ha estado ahí por largos años. Todos los sacerdotes la hemos visto, al prepararnos antes de celebrar  Misa.

Recepción de la pintura Taller de San José por parte del P. Roberto Luján, vicerrector del Seminario.

 La Dra. Clara Bargellini, en el libro La Catedral de Saltillo y sus imágenes, apunta lo siguiente sobre la sacristía como lugar preparatorio a la liturgia y, sobre todo, espacio sacerdotal: “En general, la sacristía es un espacio que recuerda a la Virgen como madre y custodia de Jesús. Puede entenderse como el espacio doméstico de cualquier templo, ya que sirve para guardar ropa y objetos de uso cotidiano en la liturgia, y el acceso es restringido” (p. 71).

 Las sacristías, según Thomas Ryan, fueron lugares auxiliares que sirvieron desde los primeros tiempos del cristianismo como habitaciones contiguas a los lugares de celebración, que servían para guardar cálices, lámparas, libros, etc. El trabajo de sacristán era reconocido como todo un ministerio. El obispo Paulino de Nola, en el s. IV, escribía al respecto: “Pongo al Señor por testigo de que estaba deseando empezar mi servicio sagrado con el nombre y oficio de sacristán” (Epístola 1).

En el siglo XX, con la reforma litúrgica, se revaloró también el oficio de los sacristanes, considerando que su servicio no sólo atendía a las condiciones materiales del templo y las celebraciones litúrgicas, sino que se realizaba en favor de todo el templo de piedras vivas, que es la Iglesia en su conjunto. El sacristán realiza múltiples tareas de tipo material, que son imprescindibles para el buen funcionamiento del templo, así, ejerciendo su oficio con diligencia y cuidado éste se santifica: “Este es un oficio de la Iglesia que obliga a desechar la absurda idea de que la espiritualidad crece a medida que disminuye la atención a lo físico o a lo material. Es precisamente en estas tareas prácticas de cada día donde uno puede encontrarse con la santidad del pueblo cristiano” (Ryan).

A partir de esta breve introducción sobre la importancia de la sacristía y del oficio de sacristán es como podemos entender y valorar más completamente el significado del cuadro el “Taller de San José”  para un espacio tan especial como es la sacristía, la cual simboliza en el conjunto del templo “el seno de la Bienaventurada Virgen María” (Hani) y nos hace experimentar el espacio más doméstico del conjunto sagrado.

 

ICONOGRAFÍA

La pintura del “Taller de San José” la podemos ubicar cronológicamente, según la sistematización que hacen los estudios de iconografía cristiana, a la vuelta de la Sagrada Familia de Egipto. Ese tiempo del cual no se tiene mucha información detallada a partir de los evangelios canónicos, y que fue llenado por los evangelios apócrifos con sus narraciones fantásticas y milagrosas: José queriéndole dar una ocupación a su inquieto hijo, quiso que éste aprendiera un oficio: como escribiente, confiándolo a Gamaliel para que le enseñase el alfabeto; como aprendiz de carpintero al lado de José (Evangelio del Ps. Mateo, 37; Evangelio del Ps. Tomás, 13; Evangelio armenio de la Infancia, 20, 8-15) y como aprendiz de tintorero.

Cuadro ahora en préstamo en el Museo de Arte Sacro de Chihuahua“El Taller de San José” no ilustra propiamente ninguno de los temas descritos anteriormente por los  Evangelios apócrifos, pero sí describe una escena íntima, imaginada por el pintor en el seno de la Sagrada Familia en Nazaret, donde nos dice la Escritura que Jesús pasó la mayor parte de su tiempo en una vida oculta, creciendo y fortaleciéndose en gracia y sabiduría (Cfr. Lc 2, 39-40).

José  y María, en medio de la cotidianeidad de sus labores, advierten el pequeño accidente que ha tenido su hijo con una pequeña corona de espinas, que éste parece trenzar sobre sus rodillas. Una clara referencia al sacrificio expiatorio para el cual la vida de Jesús se prepara, acontecimiento para el cual sus padres, también tienen una tarea sobrenatural encomendada por la Providencia Divina.

Esta imagen, que alude evidentemente a la pasión de Cristo, la podemos comprobar con la interpretación que se hace de un cuadro de Francisco de Zurbarán (1598-1664), con una composición idéntica de María y Jesús, en el portal de Internet del Museo de Arte de Cleveland, donde se indica la siguiente simbología: la mesa hace referencia al altar del sacrificio, la columna a aquélla donde fue azotado Cristo, el vaso de agua a la fuente bautismal y el cielo oscuro al de la crucifixión de Cristo.

Los orígenes, el autor y el primer destino del cuadro del “Taller de San José” son hasta ahora desconocidos. Sin embargo, la Dra. Bargellini, remontándose a la época virreinal en la que este cuadro fue pintado, se fija en los platos chinos de la alacena, muy similares a las escenas que se encuentran en los cuadros de castas, comentando que “es evidente que se está tratando de poner a la Sagrada Familia en un ambiente que seria familiar a los novohispanos y así acercarla a ellos”.

La interpretación y valoración actual de esta pintura dependerá, evidentemente, más de motivos teológicos, espirituales y pastorales en el mismo Seminario, como casa de formación de los futuros sacerdotes. El lugar a donde vuelve, la sacristía, seguirá siendo el más idóneo, porque el espacio complementa con su atmósfera el contenido y sentido de la obra: la formación cotidiana y oculta de Jesús de Nazaret.

El cuadro “El Taller de San José”, a pesar de las distintas épocas que ha traspasado y de los incesantes cambios culturales que se suceden con rapidez, continúa dándonos así un mensaje de actualidad. Esta valiosa restauración, llevada a cabo por Protego, A.C. y el Seminario de Chihuahua, nos hacen estimar la importancia no sólo de la preservación del patrimonio artístico y religioso, sino también el acertado destino que se ha de dar, en la medida de lo posible, a las obras de arte sacro, que tuvieron como vocación original  catequizar y alimentar la fe de los cristianos de una época determinada. “El Taller de San José” seguirá transmitiendo su mensaje a las futuras generaciones de seminaristas, sacerdotes y laicos que pasan por la sacristía del Seminario de Chihuahua, haciendo labores cotidianas.

Paulo Medina