Cicatrices de la Fe

El arte de las misiones del norte de la Nueva España, 1600-1821

La Exposición

La fascinante herencia artística, creada por la empresa espiritual y cultural del Nuevo Mundo, es sin duda alguna una etapa fundamental de nuestra historia que el Antiguo Colegio de San Ildefonso dará a conocer al público a través de la magna exposición Cicatrices de la fe. El arte de las misiones del norte de la Nueva España, 1600-1821.

Por primera vez en México, se reúnen más de 130 obras de arte, entre pinturas, esculturas, platería, textiles, muebles, mapas y libros, pertenecientes a colecciones mexicanas, estadounidenses y europeas, que reabren un capítulo poco estudiado, documentado y divulgado de un invaluable patrimonio histórico y artístico.

La muestra, que se exhibió del 16 de abril al 16 de agosto, aborda la intensa labor evangelizadora que los misioneros españoles desarrollaron en las tierras de América, y las distintas incursiones de franciscanos y jesuitas en zonas lejanas y de difícil acceso del norte de la Nueva España, con una sola y vigorosa convicción: establecer misiones y propagar la fe.

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La Universidad Nacional Autónoma de México, el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes y el Gobierno del Distrito Federal, instituciones Mandantes del Antiguo Colegio de San Ildefonso, comprometidos con la divulgación de nuevas investigaciones, se unen en esta ocasión para presentar una muestra única, que hará reflexionar sobre el importante proceso que los criollos americanos promovieron, sentando las bases para una nueva identidad nacional. Un análisis estético e histórico que nutre los conocimientos que de nuestro pasado sabemos para comprender mejor nuestro presente.

Con las cicatrices de la fe que dejó el proceso de evangelización, producto del trabajo misionero y de la colonización que vivieron las comunidades indígenas, se dio también el florecimiento de las artes: arquitectos, escultores y pintores, españoles e indígenas, tanto artistas de las metrópolis como artesanos locales, fueron los artífices de excepcionales obras artísticas, como respuesta al reto de ataviar las misiones con pinturas, esculturas y objetos de culto y de uso. El resultado fue una nueva expresión en el arte, un sincretismo cultural que, hoy por hoy, aportan valiosas huellas de la historia que se podrán admirar en esta exposición.

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Los ejes temáticos

Para una mejor comprensión del guión curatorial, la exposición Cicatrices de la fe. El arte de las misiones del norte de la Nueva España, 1600-1821, se divide en una introducción, seis ejes temáticos y uno dedicado a la restauración:

Lugares y culturas: Para 1750 había centenares de misiones entre los pueblos indígenas en todo el norte de la Nueva España. Los franciscanos se ubicaron en el occidente y al norte de Zacatecas y llegaron hasta las llanuras de Texas. Los jesuitas, por su parte, se encargaron de los indígenas de las tierras fértiles de las cuencas de los ríos que fluyen hacia el Pacífico, en Sinaloa y Sonora, en la Sierra Madre occidental y sus laderas orientales, además de Baja California, después de 1697. Hacia 1769, los franciscanos ocuparon muchas de las antiguas misiones jesuitas y fundaron otras más en la Alta California, con la idea de convertir a los indígenas en buenos cristianos y súbditos de la Corona española. El territorio abarcado por las misiones era vasto, de geografías y climas muy variados, con indígenas que eran muy diferentes entre sí: había grupos sedentarios, seminómadas y nómadas, que hablaban distintos idiomas.

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Los sueños de los misioneros (alegorías e historias): Las misiones cumplían un papel fundamental en el proyecto español de dominación, basado en una visión providencialista de la historia, en la que España era llamada a proteger y difundir la religión cristiana. Además de ser un propósito de la monarquía, las misiones norteñas fueron una empresa criolla que respondía a los deseos de los nativos indígenas y de origen europeo del centro de la Nueva España. Por su parte, los operarios de las misiones, franciscanos y jesuitas, se apoyaban en sus propias historias e ideales.

Los franciscanos recordaban que su santo fundador había viajado a Egipto y que ellos habían sido los primeros misioneros en América. Con frecuencia en el arte usaban alegorías y símbolos para explicar su papel. Los jesuitas pregonaban el heroísmo de sus santos, especialmente Francisco Xavier, el Apóstol de las Indias y modelo de misioneros, el más representado de todos en el arte. La producción artística promovida por las órdenes misioneras llama a reflexionar sobre la experiencia de la vida del misionero. Se representaban a individuos heroicos en tierras lejanas o vacías de presencia humana. Se contrastaba a los misioneros con personajes exóticos o salvajes. Y se les mostraba haciendo milagros y como vencedores, aún en el martirio y en la muerte.

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Imágenes misioneras: Los misioneros viajaban con representaciones religiosas y cada misión también requería de imágenes. A menudo estas pinturas o esculturas fueron representaciones que tenían fama de milagrosas. Ellas mismas eran consideradas misioneras, porque se creía que protegían a los cristianos y actuaban para convertir a los indígenas y conservar las misiones. Entre los franciscanos predominaba la imagen de Cristo crucificado, pero todos los misioneros además llevaban consigo imágenes de la Virgen María, cuya presencia reconfortante les ayudaba a seguir adelante.

Los jesuitas en particular introdujeron imágenes milagrosas europeas, como las Vírgenes del Pópulo, de Loreto, de la Luz y del Refugio. En este proceso, los indígenas integraron a sus cosmovisiones imágenes de la Virgen, de Cristo y de algunos santos, con base en sus principios masculinos y femeninos que regían la vida y la muerte. Tampoco les fue extraño el uso de objetos sagrados que simbolizan la presencia de la divinidad, no muy diferentes, en el fondo, de algunos usos de imágenes de la tradición cristiana.

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Liturgia y celebraciones: La liturgia se realizaba desde el inicio de cualquier misión, porque era una necesidad para los propios misioneros y los demás cristianos que los acompañaban. Algunos objetos usados para el rito eran esenciales en la tradición cristiana europea, por ejemplo: los cálices, los candelabros y el vestuario. Conforme las misiones se volvían más permanentes y prósperas y aumentaba el mestizaje, también se ampliaban las ceremonias y fiestas. Muchos de estos objetos fueron importados a las misiones desde diferentes partes del virreinato y del mundo, mientras algunos se hicieron en las propias misiones con materiales, técnicas y mano de obra locales.

Arte en las misiones: imágenes para misiones franciscanas: En las iglesias de las misiones, desde el principio, hubo crucifijos y pinturas de los santos patronos. Con el tiempo, adquirieron más imágenes en técnicas, materiales y estilos diferentes, tanto icónicas como narrativas. Todas servían para hacer presente lo ausente y recordar la trascendencia de la existencia humana. Los misioneros no escatimaban esfuerzos en el adorno de sus templos. Siempre hubo algún tipo de retablo, improvisado, pintado o tallado, según permitían las condiciones de cada lugar. Por lo general, las pinturas fueron mandadas a hacer en México.

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Hubo pintores renombrados en la capital que trabajaron para las misiones: Juan Correa, Antonio de Torres, Francisco Martínez, Nicolás Rodríguez Juárez, Miguel Cabrera y José de Páez, entre otros. Las misiones propiciaron el establecimiento y la difusión de algunas tradiciones artísticas, como la de los retablos, pintados sobre lienzos, entre los jesuitas, o el estilo neoclásico en las misiones franciscanas de la Alta California. En algunos lugares, se desarrollaron tradiciones propias, derivadas de la adaptación de tradiciones nativas a las necesidades del culto cristiano. A pesar de las destrucciones del tiempo y del hombre, la cantidad y calidad de obras de arte, todavía en uso, en las misiones del norte es notable. En ambos lados de la actual frontera entre México y Estados Unidos de Norteamérica queda mucho por apreciar, estudiar y conservar.

Las artes indígenas en las misiones: Las comunidades indígenas del norte aprendieron muy pronto que llevar cruces les podía proteger de la muerte. Las misiones también ofrecieron la oportunidad de recomposición social; parte importante de ésta fue la relación directa con la producción cultural y artística. Los indígenas fueron partícipes de las ceremonias y fiestas en las misiones, así como las obras de construcción, el desarrollo de nuevas tradiciones artísticas y artesanales, y el apoyo a los misioneros en sus trabajos lingüísticos, etnohistóricos y cartográficos. Aunque muchos de los cuadros en las misiones parecen haber llegado desde talleres capitalinos, en el Nuevo México y probablemente en Sonora, se hicieron pinturas sobre pieles de animales, que era una tradición indígena, como lo era cierto tipo de pintura mural. Se sabe que los nuevos cristianos pronto aprendieron a utilizar herramientas europeas para tallar la madera y eventualmente a hacer muebles, retablos y esculturas. En Sonora quedan algunas esculturas en piedra probablemente de mano indígena. Las habilidades para los trabajos textiles y de cestería en las misiones fueron muy renombradas.

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Rescate y Restauración

Aunque las misiones norteñas han sido tema de investigaciones desde perspectivas históricas, económicas y etnográficas, es sorprendente que las obras de arte dentro de ellas hayan llamado poco la atención. A pesar del abandono y de la destrucción, todavía se conservan muchas obras en las antiguas misiones, notables por su calidad pero también por las ventanas que pueden abrir hacia la comprensión del pasado. Lamentablemente, los problemas materiales más comunes encontrados en estas obras se remiten al descuido y desuso de las piezas.

Para llevar a cabo una exposición de tal magnitud el Mandato Antiguo Colegio de San Ildefonso se convirtió en un detonador para emprender la ardua tarea de rescate, restauración y divulgación de obras que estaban prácticamente en el olvido y a punto de desaparecer. Instancias como el Instituto Nacional de Bellas Artes, el Instituto Nacional de Antropología e Historia, Sitios y Monumentos, y diversos museos, comprometidos con esta labor se unieron a esta iniciativa, que lleva casi tres años de gestiones y trabajos.

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Viajes por el norte de México, gestionados por el museo, a comunidades alejadas y de difícil acceso, así como a misiones del sur de los Estados Unidos, se iniciaron desde 2006 con base en las investigaciones desarrolladas por la Dra. Clara Bargellini y el especialista Michael K. Komanecky. Procesos de convencimiento, tanto de personas como de autoridades civiles, culturales y religiosas, fueron el germen para poder mostrar un patrimonio imprescindible de nuestra historia.

Hasta el momento, el número de piezas que se han intervenido para esta exposición, asciende a 61. En este proceso, participaron tanto los talleres de instituciones como la Escuela Nacional de Conservación, Restauración y Museografía “Manuel del Castillo Negrete” del INAH, así como el del Antiguo Colegio de San Ildefonso y algunos restauradores particulares. Los procesos siguen en algunas de las obras y en la exposición se presenta el registro de casos representativos de esta labor de rescate.

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De Chihuahua, de las 47 piezas que se intervinieron, San Ildefonso restauró más de 40, la mayoría inéditas o desconocidas, que han sido catalogadas para dejar un precedente único en su tipo. Ésta será la primera vez que salgan de su lugar de origen para ser exhibidas. Por ejemplo, uno de los casos más dramáticos de restauración fue el realizado a la escultura del Cristo de Domingo de Ramos, originaria del Templo de San Ignacio Coyachi; igualmente, del Templo de Cristo Rey en Bocoyna, se intervino el estandarte litúrgico de la comunidad que recuperó su belleza. Del Templo de San Miguel Tutuaca, un Ángel de la Guarda, óleo sobre tela, que había perdido más de la mitad de su composición pictórica fue intervenido para contrarrestar su abandono. Asimismo se trabajaron piezas de los templos de Santa María de Cuevas y del Seminario Arquidiocesano, incluyendo textiles, platería y pintura.

De Baja California dos obras fueron restauradas en el taller de San Ildefonso: la escultura del Santo Entierro y el cuadro de San Gabriel, ambos del Museo de las Misiones de Loreto. Del estado de Coahuila se rescataron tres óleos sobre tela de la Parroquia de Santa María de Parras, enclave jesuita por excelencia. Sobresale La Virgen de los gozos, del pintor novohispano José de la Mota, quien representó una advocación mariana muy difundida por la Compañía de Jesús y cuyo culto aún subsiste.

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Se intervinieron, en San Ildefonso, cinco piezas del Distrito Federal. A pesar de que las obras provienen de museos o iglesias bien conservadas, se requirió la limpieza y el retiro de barnices dañados para devolverles su calidad pictórica. La escultura de San Francisco Xavier en éxtasis, de la iglesia de San Felipe Neri, la Profesa, que perteneció a un retablo hoy desaparecido, será exhibida por primera ocasión en una exposición; se trata de una de las esculturas más antiguas, talla en madera, de la ciudad de México. Con ello se inicia un proceso de conservación riguroso.

De Durango, se restauraron tres piezas inéditas que estaban en completo abandono, en materia de conservación, pertenecientes a los templos de Santa María de Guadalupe en Otáez. Por ejemplo, la escultura de la Virgen con el niño fue de las pocas obras sobrevivientes que sufrió daños a causa de un incendio, además de que presentaba una adversa serie de repintes e intervenciones. Los restauradores han logrado eliminar colorantes y pinturas nocivas para la pieza, así como recuperar las técnicas de tallado y su policromía. De la Parroquia de Santiago Apóstol en Papasquiaro se recuperó un lienzo de Miguel Cabrera, en esta intervención se develó la firma del artista y se recuperó la luminosidad del lienzo. Se trata del retrato del Padre Hernando de Santaren Mártir de la rebelión tepehuana. De este estado, también podremos observar los trabajos de recuperación de la escultura milagrosa del Señor del Mezquital.

Del Estado de México se restauró en San Ildefonso una pieza: la escultura de San Francisco de Asis, del siglo XVI, que pertenece a la colección del Museo del Virreinato a la cual se le hizo un proceso de limpieza profunda y consolidación.

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Para lograr la realización de un proyecto de tan altos vuelos, que logrará una selección de más de 100 obras de arte, el Antiguo Colegio de San Ildefonso, organizador de la exposición, despertó el interés y la confianza de las distintas instituciones que se sumaron a esta iniciativa y que serán sedes de la exposición después de su presentación en la ciudad de México:el San Antonio Museum of Art, el Museo de Historia Mexicana, de Monterrey; el Centro Cultural Tijuana, y el Oakland Museum of California.