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LA VIRGEN DE LAS SIETE ESPADAS (O DE LOS SIETE DOLORES).

 Con la entrega de la Virgen de los Siete Dolores a la comunidad de Santa Cruz de Mayo, en la Parroquia de San Nicolás de Tolentino, son ya 12 las piezas, pinturas o esculturas que se restauran completamente por parte de la asociación Protego en unión con el Seminario de Chihuahua y con la invaluable cooperación de la Escuela Nacional de Restauración de Churubusco, perteneciente al Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).

De las 12 piezas que se han restaurado 8 han sido ya devueltas a sus comunidades correspondientes: Parroquia de la Santa Cruz en Rosales (4), Parroquia de San Lorenzo en Belisario Domínguez (1), Parroquia de San Juan Bautista en Nombre de Dios (1), Parroquia de San Nicolás de Tolentino en Gran Morelos (1) y Seminario Arquidiocesano de Chihuahua (1). Las 4 restantes están por regresar de la Cd. de México donde esperan ser transportadas a sus respectivas comunidades.

El trabajo de recuperación de estas obras de arte sacro implica siempre un largo compás de espera, ya que intervienen un gran número de factores para que estas obras regresen a sus comunidades totalmente restauradas. Se desconocen la mayoría de las veces estos factores, por lo que es importante que la comunidad los aprecie. Enumeraré de manera muy general algunos de ellos.

Los procesos de restauración son costosos. Cada obra implica una labor de recaudación de fondos, y su gestión pasa por todos los avatares que cualquier empresa sufre, con sus altas y bajas para llegar a su cometido. Los medios económicos cuentan mucho, sin ellos simplemente sería imposible llegar a resultados. Podríamos decir con toda razón que cada pintura o escultura que se restaura, lleva tras de sí, una cantidad de apoyos provenientes de los más diversos sectores que conforma la sociedad: ciudadanos, comunidades parroquiales, empresas, gobiernos municipales, estatales y federales, Iglesia, etc. Todos ellos aportan una parte.

En ocasiones las comunidades confunde restaurar con repintar. Otro factor muy importante es que la restauración sea llevada a cabo por las personas idóneas, ya que la labor de restauración sólo puede ser hecha por profesionales en la materia. Muchas veces se cree que la intervención de una obra, puede ser llevada a cabo por una persona que tiene ciertas habilidades manuales o artísticas, y es por ello que, desgraciadamente, se han arruinado muchas de estas piezas, recibiendo inmerecidamente y con buena intención, repintes, mutilaciones, limpiezas que las han dañado considerablemente. La profesionalidad para intervenir estas obras la da sólo el estudio, la capacitación y la licencia para poder ejercer estas acciones de conservación y restauración. Encontramos especialmente en el norte del país, que existen pocos profesionales en este campo, por lo que la mayoría de las veces las obras deben trasladarse a la Cd. de México para ser intervenidas. Estos traslados son caros, por lo que debe aprovecharse muy bien el viaje, es decir, hacer lotes de obras que puedan viajar juntas con todas  las seguridades necesarias.

En el caso concreto de la Escuela Nacional de Restauración de Churubusco, las obras se restauran dentro del ciclo escolar de la misma escuela, ya que ellas serán estudiadas e intervenidas en clase. Si las dimensiones o la problemática particular de la obra son mayores, el ciclo escolar puede terminar sin haber finalizado su restauración completa, y entonces, estas obras tienen que pasar a otro proceso. Deben continuar en manos de un restaurador particular que las concluya, lo cual pide mayor paciencia, debido a que a la fecha, sólo contamos con un restaurador de tiempo completo, el cual sólo puede avanzar una obra a la vez.

Estas consideraciones generales nos sirven de preámbulo para la entrega de la Virgen de los Dolores que hoy vuelve a la comunidad de Santa Cruz de Mayo de la Parroquia de San Nicolás de Tolentino en el Mpio. de Gran Morelos, Chih. Ella es la primer entrega de un lote de 4 pinturas de esta parroquia que Protego gestiona su restauración.

La pintura ingresó al taller en verano del 2003 y su proceso de recuperación se llevó a  cabo completamente en la Cd. de Chihuahua. Fueron necesarios tres años para que ella recibiera la atención necesaria. Las fotografías tomadas en diversos momentos de su itinerario son elocuentes.Estado lamentable en el que se encontró la imagen de la Virgen de los Dolores

 

Estado lamentable en la que se  hallaba

ADVOCACION DE LA DOLOROSA

La Virgen de los Dolores se le conoce con distintos nombres en diversos países. En Italia, Francia e Inglaterra,  entre otros, como la Madona o Virgen de los siete Dolores, aunque en este último país, también se le conoce como la Nuestra Señora de las siete espadas, alusión que comienza con la espada que profetizó el anciano Simeón, cuando el niño Jesús fue llevado al templo para ser circuncidado (Lc 2, 35). En España y México se la llama Virgen de la Soledad, debido a que su representación alude al último momento que pasó la Virgen en el acompañamiento de su Hijo por el camino de la cruz hasta su sepultura. El último de los 7 dolores o espadas se refiere a la soledad de la Virgen después del enterramiento de Cristo.

La imagen está representada sentada a los pies de la cruz, con siete espadas en forma de abanico que traspasan su pecho. Los símbolos de la pasión están a sus pies: corona de espinas, clavos, jarra y placa de la sentencia. El fondo lo constituye la ciudad de Jerusalén, a cuyas afueras fue crucificado el Salvador en el Gólgota.

La historia de esta advocación es inseparable de la historia de la espiritualidad de la Iglesia y de las diversas devociones populares. Baste decir aquí que esta devoción e iconografía se remonta al siglo XV en Flandes, principado histórico del norte de Europa, que se localizaba en lo que hoy es Los Países Bajos, Bélgica y parte de Francia. Juan de Coudenberghe fue quien organizó la primera cofradía de la Virgen de los siete Dolores. Margarita de Austria mandó consagrar el primer convento a esta advocación. El primer grabado que se conoce donde aparecen las 7 espadas en abanico corresponde al año 1509, publicado en Amberes y dedicado a Carlos V.

Los siete dolores de la Virgen son:

  1. Profecía de Simeón
  2. La Huida a Egipto
  3. El Niño Jesús perdido y hallado en el templo
  4. Cristo con la cruz camino al calvario
  5. La crucifixión
  6. El descendimiento de la Cruz
  7. El entierro.

Según el Nuevo Diccionario de Mariología (Ediciones Paulinas), la sensibilidad teológica y la piedad actual de los fieles se fijan ahora más en una visión de conjunto de la vida de María, incluyendo sus sufrimientos, que en la especificidad de cada dolor. El Concilio Vaticano II menciona de una manera inigualable este caminar de la Virgen por medio de fe: “También la Virgen bienaventurada avanzó en esta peregrinación de la fe y mantuvo fielmente su comunión con el Hijo hasta la cruz, ante la cual resistió en pie (Jn 19,25), no sin cierto designio divino, sufriendo profundamente con su unigénito y asociándose a su sacrificio con ánimo maternal, consintiendo amorosamente en la inmolación de la víctima que ella había engendrado” (LG 58).

Todo esto y más en relación con la imagen que hoy se devuelve al culto de los fieles de la comunidad de Santa Cruz de Mayo. Ella ha recorrido un largo vía crucis para estar de nuevo cumpliendo el fin para el cual fue pintada: la devoción y enseñanza del pueblo de Dios, caminos por los cuales nuestra fe se instruye y se arraiga.

Perteneciente a la comunidad de la Santa Cruz de Mayo.El eco del II Concilio de Nicea (787) resuena hoy en la comunidad parroquial de San Nicolás de Tolentino: “Definimos, con toda certeza y precisión, que, lo mismo que la figura de la preciosa y vivificante cruz, las santas y venerables imágenes, ya sea fabricadas en pintura o en mosaico, ya sea en cualquier otra materia adecuada, deben ser propuestas en las santas iglesias de Dios, en los vasos y vestidos sagrados, en los muros y en los cuadros, en las casas y en los caminos; tanto la imagen de Dios Salvador y Señor Nuestro Jesucristo, como la de la purísima Señora Nuestra y Santa Madre de Dios, como la de todos los nobles y santos varones. Porque cuanto más frecuentemente se les contempla en forma de imágenes, tanto más vivamente los que las contemplan se mueven al recuerdo y anhelo de los prototipos representados en ellas, y a otorgarles ósculos y muestras de veneración. No ciertamente una verdadera latría, que, conforme a nuestra fe, corresponde solamente a la esencia divina; sino que debe otorgárseles las mismas muestras de honor, de incienso y luminarias que al precioso y vivificante signo de la cruz, a los santos Evangelios, y a las demás cosas sagradas, como fue nuestra antigua costumbre. Porque la honra dada a la imagen pasa al prototipo en ella representado…”

(Canon (horos) del II Conc. de Nicea).

Paulo Medina